En el mes de octubre se ponen temas sobre la mesa a partir de la conmemoración de tres días: Día Internacional de la Mujer Rural (15), Día Mundial de la Alimentación (16) y Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza (17); cuestiones que en México aún no se resuelven y que están enteramente relacionadas al sector rural.

Respecto a la conmemoración del primer día, se puede afirmar que la calidad de vida de las mujeres rurales en México se encuentra por debajo de la de los hombres y muy apartada de la de mujeres urbanas; ejemplo de ello es que, mientras estas últimas reciben un ingreso promedio de 33.3 pesos, las mujeres rurales perciben 23.5 pesos, además de tener un ingreso 25% inferior al de los hombres rurales.

La FAO asegura que es posible alimentar a 150 millones de personas más en el mundo, si las productoras y trabajadoras agrícolas tuvieran las mismas condiciones sociales y económicas que los hombres; relacionado a esto, está el Día Mundial de la Alimentación, con el cual se visibiliza la urgencia de adaptar sistemas agrícolas resilientes, productivos y sostenibles para alimentar a 9 mil 600 millones de personas que – se proyectan – vivirán en el 2050.

Por último, la relación que tiene el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza con los días anteriores, es la necesidad de combatir la pobreza en el sector que produce los alimentos – tanto en mujeres como en hombres -; sólo por mencionar un dato, el 58% de las personas que habitan en zonas rurales se encuentra en esta situación, lo que implica diversas carencias sociales, entre ellas: rezago educativo, inseguridad alimentaria, falta de acceso a servicios de salud, entre otros.

Las organizaciones civiles y gubernamentales han afirmado que México puede llegar a ser potencia mundial en el sector rural si se impulsan políticas públicas y si se apoyan programas de alto impacto como los de Educampo, Fundación Mexicana para el Desarrollo Rural A.C., organización de la sociedad civil que impulsa la productividad del campo mexicano y que cuenta con un modelo de atención integral que incluye el desarrollo humano, social y económico de las y los agricultores y productoras, capaz de replicarse en cada estado y que ha mostrado resultados sustanciales durante los 55 años de su implementación.

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