La nueva ruralidad exige la formación y actualización de competencias

En las últimas décadas del siglo XX los cambios en el medio ambiente y el entorno económico de los territorios rurales trajeron consigo profundas transformaciones en las condiciones de vida, la cultura y las actividades económicas de sus habitantes, por lo que ha sido necesario renovar e integrar las distintas formas en la que entendemos la ruralidad y sus problemáticas, así como las propuestas que buscan resolverlas.

Bajo esta perspectiva surge la nueva ruralidad como un conjunto de interpretaciones actualizadas de las dinámicas sociales y de producción de los territorios rurales, así como de la relación con sus habitantes y con el medio urbano.

En Educampo reconocemos el rescate de conocimientos como la base de nuevos aprendizajes, por lo que la generación y fortalecimiento de habilidades y capacidades son parte estructural de nuestro modelo de intervención, que tiene como propósito esencial la formación de capital humano con las competencias necesarias para responder a los retos de un medio en constante cambio.

Nuestros programas En Pro de la Mujer, Educampo Granos y Agricultura Inclusiva se consideran de alto impacto, ya que tienen como componente esencial un modelo educativo compuesto por: acciones formativas, asistencia técnica, uso de nuevas tecnología; que aunadas a un acompañamiento constante se enfocan a la profesionalización de los productores, el mejoramiento de las condiciones productivas, la integración a mercados, generación de economías de escala y adopción de medidas de conservación y mitigación en pro del medio ambiente.

La Educación Social Básica hace énfasis en las personas y sus conocimientos, el entorno sociocultural como base de los proyectos y actividades productivas, la organización grupal, y el desarrollo humano; con la intención de sistematizar conocimientos que conduzcan a la mejora de la calidad de vida.

Asimismo, nuestra estrategia de intervención reconoce entre las productoras y productores una amplia capacidad de transformación de su realidad mediante el desarrollo de sus propias capacidades, actitudes y procesos de reflexión los cuales se hacen tangibles en proyectos productivos consolidados que impactan en sus condiciones de vida y en la economía de las regiones rurales donde intervenimos.

La nueva ruralidad que se construye en el siglo XXI requiere de una inversión – en el sentido extenso del término -, es decir, en donde cohabiten políticas y alternativas para el desarrollo, una multiplicidad de factores que detonen actividades productivas inherentes a la realidad actual de lo rural, y en lo particular acciones tanto educativas como formativas que permitan generar conocimientos que transformen la calidad de vida de las personas.

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